jueves, 7 de febrero de 2013

Internet, la ciudad de los portales...



Son frecuentes las comparaciones que oímos ente la trama urbana convencional, con su trazado vial, sus plazas, sus edificios, sus paseos y portales, y esa combinación de tecnologías y seres humanos que ha tomado el nombre de INTERNET.

Es que el trazado de las redes informáticas -de alguna forma- recuerda a los trazados urbanos convencionales, con vías principales, secundarias, nodos, grandes centros de convergencia o pequeños sitios caracterizados por los más diversos matices del quehacer humano. Incluso oímos hablar de control de tráfico, de embotellamientos, hacinamiento…

Y es que lo que el usuario promedio de esta red de redes realiza es lo que se llama la navegación conceptual, tal y como cuando nos movemos de un lugar a otro de la ciudad, a la búsqueda de una determinada opción de nuestro interés. 

Cuando cada uno de los más de 2000 millones de humanos que a diario se conectan a INTERNET realizan sus rutinas de búsqueda y consumo de productos o servicios, de hecho están moviéndose a través de un cierto “sistema vial” en verdad algo más inteligente que el que conocemos habitualmente.

El término -cada vez más familiar- de “ancho de banda” nos recuerda aquellas sabias ordenanzas otrora respetadas, donde, a partir del tráfico que se preveía iba a tener lugar en una determinada parte del sistema vial, se incorporaban aceras más anchas, parterres protectores, jardines que servían de filtro al ruido y al polvo que se generaba por doquier. Allí donde se pronostica un mayor movimiento de datos, o la convergencia de grandes masas de interesados, se toman medidas para garantizar la fluidez del acceso a los servicios, y la satisfacción de las demandas sociales.

Este actual sistema vial mundial, la red, cuenta con un diseño -frecuentemente racional- que ha de responder a las expectativas de un nuevo tipo de ciudadano, clasificado como digerato, término surgido a la usanza de literato, y que caracteriza a aquellas personas que, de alguna forma, hacen uso a cada paso de estas nuevas estructuras, a veces en busca de conocimiento, ocio, ofertas comerciales, o simplemente saciar su curiosidad y deseos de conocer otros entornos…sin moverse de la comodidad de su rincón de estudio o trabajo.

Y resulta curioso cómo, sin que aparentemente hayan intervenido arquitectos o urbanistas convencionales en la conformación de la estructura de la red, el nombre que se dio a los lugares a los que arribamos en nuestra navegación digital fue…portales! Efectivamente: al igual que en la arquitectura convencional, cuando pretendemos acceder a un determinado punto de la red, su portada, el lugar que nos recibe es conocido como portal, y a través de él logramos acceder a la información allí depositada convenientemente, y puesta a nuestra disposición.

Así encontramos portales informativos, de juegos, de ofertas gastronómicas o de otro tipo, en fin, tan diversos como los de una ciudad como La Habana, en sus momentos de esplendor caracterizada por la continuidad de sus portales, que facilitaban un movimiento fluido y protegían de las inclemencias de un sol irrespetuoso.

A sabiendas de la importancia del primer encuentro, los arquitectos y urbanistas de la red cuidan de la fachada y los portales públicos, a sabiendas de que no hay segunda oportunidad para una primera impresión: cuando llegados a una dirección del espacio informático, nos formamos una opinión que difiere de nuestras expectativas, muy probablemente maticemos nuestra valoración a priori, y al existir otras muchas opciones, vayamos a buscar otras experiencias que satisfagan nuestros intereses. Si, definitivamente, las redes y las ciudades están siendo matizadas por igual por el quehacer humano…¿quién lo hubiera dicho? 

¡Ya veremos…!

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