sábado, 16 de marzo de 2013

¿Ingenio VS tecnologías?




Recientemente veíamos como se repetía una vez más el espectáculo que rodea a la elección de la máxima figura de la iglesia católica y jefe del estado de la Ciudad del Vaticano, el Papa. Este evento, de magnitud mundial -a no dudarlo- involucra a millones de personas interesadas, incluyendo unas cuantas decenas de miles que asisten físicamente a los predios del edificio que alberga a tan particular acción: la Basílica de San Pedro.

Las imágenes que recorrieron los medios de comunicación masiva mostraron -según cálculos aproximados- a más de 100 000 personas reunidas en la Plaza de San Pedro (obra del escultor, arquitecto y pintor italiano Gian Lorenzo Bernini) frente a la entrada de este asombroso edificio, a la espera de la muy nombrada fumata, una señal de humo de color blanco o negro, en función de la votación lograda por los cardenales reunidos para la votación. 

Y justamente durante la observación de los detalles de tantas personas congregadas en semejante espacio, nos regresaba a la mente una saludable interrogante:
¿Cómo se logró semejante obra, de qué forma se coordinaron los esfuerzos en una época en que máquinas de vapor, motores de combustión interna, electricidad, telecomunicaciones, computadoras y redes -simplemente- no existían ni siquiera en la imaginación de destacados pensadores como Donato Bramante (primer arquitecto que a partir de 1506 estuvo al frente de la obra, que se terminó 109 años después, en 1615) o en las de Rafael Sanzio, Antonio da Sangallo o el más conocido Michelangelo Buonarroti, simplemente recordado como Miguel Ángel, autor de la paradigmática cúpula principal de San Pedro?

Pero, ¿de qué magnitudes estamos hablando, por qué el consabido asombro ante esta obra? Bueno, habría que acudir a algunas mediciones físicas relacionadas con elementos de la misma, veamos en particular la harto conocida cúpula de Miguel Angel: tiene un diámetro de 42.5 metros (casi media cuadra), descansa sobre la nave central, que tiene 187 metros de largo por…45 metros de altura (algo así como unas 12 plantas actuales), por lo que el punto más alto de la citada cúpula alcanza los 136,57 metros de altura total desde el nivel del suelo (como referencia, algo como un edificio de más de 35 plantas)

Si esto no basta para entender el porqué del asombro, podríamos dar un vistazo al igualmente famoso Baldaquino de San Pedro, igualmente obra de Gian Lorenzo Bernini, una estructura en forma de templo realizada en bronce, ubicada bajo la cúpula antes descrita, destinado a cubrir la tumba del Apóstol San Pedro, origen de todas esta obra. Resulta que cuando atendemos a sus detalles, nos encontramos que consta de 4 columnas salomónicas fundidas en bronce, que alcanzan los …29 metros de altura: algo así como un edificio de 7 u 8 plantas! 

En resumen, una colosal construcción concebida y sostenida por estructuras logradas sin hormigón armado ni acero, ni plásticos… todo puesto en su lugar con total precisión, sin grúas, sin electricidad, sin modelación y cálculo computarizado, sin coordinaciones vía teléfono, ni sms ni correo electrónico, sin laboratorios de alta tecnología, en una ciudad medieval de menos de 50 000 habitantes, sumida en pugnas de grupos gobernantes y ataques foráneos como el conocido Saqueo de Roma, realizada en 1527 por las tropas españolas y alemanas al bajo el mando de Carlos I o Carlos de Austria, rey de España

Tal vez entonces…comencemos a lograr una más ajustada valoración de la envergadura de lo logrado por nuestros antecesores, y descubramos -finalmente- que usando como secreta herramienta el ingenio humano, lograron resultados difíciles de imaginar hoy día: eso sí, el ingenio humano, puesto en función de lograr salvar escollos y evitando -a toda costa- dilapidarlo en vanas peroratas justificativas. ¿Lo lograremos de nuevo? 

Ya veremos…

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