domingo, 17 de marzo de 2013

La tecnología que va conmigo...




El intercambio del humano con edificios, paredes, techos, escaleras, portales, plazas, avenidas es algo cotidiano, hemos aprendido a convivir con protagonistas que se fueron adicionando paulatinamente a nuestro primigenio entorno de vida. A niveles íntimos nos relacionamos con vecinos, familiares…también con muebles, instalaciones tecnológicas diversas (electricidad, teléfono, televisión, radio, agua), y puertas o ventanas que permiten controlar nuestro contacto con el ambiente circundante. Pero la historia no quedó ahí…nada de eso!

Como parte de este arsenal de recursos que nos han permitido matizar nuestra relación con los demás protagonistas de este mundo, han aparecido un grupo de objetos con una condición inusual: en vez de estar fijos en un lugar, al que debíamos acudir para usarlos…ahora van con nosotros, no importa la hora ni el lugar: están en nuestros bolsillos, en nuestros bolsos, más o menos resguardados.


¿Cuántas veces, ante una determinada situación que exige usemos una determinada información, no hemos tenido que diferir la acción, hasta haber consultado las fuentes de conocimiento que nos preparen de la mejor forma para dar una respuesta efectiva?¿Con qué frecuencia hemos deseado consultar a alguien ante un hecho complicado, en el que no tenemos total convicción sobre cómo actuar?

Todas estas situaciones de cotidiano bregar generaron exigencias que se han ido resolviendo sobre la marcha, a veces a partir de quitar un cable aquí, o reduciendo una dimensión allá: por ejemplo, ahora llevamos en el bolsillo algo a lo que seguimos llamando teléfono, aunque esa sea solo una de las muchas funciones que puede cumplir, desde sintonizar una emisora de radio o televisión, hasta decirnos con total precisión en qué punto exacto de la geografía mundial nos encontramos.

Y la historia no se detuvo aquí tampoco…estos teléfonos de “nuevo tipo” extendieron sus límites, crecieron sus pantallas, y ahora nos dejan leer cómodamente un libro, visualizar una película en las nuevas resoluciones conocidas como HD (de la traducción al inglés de alta resolución), recibir o enviar mensajes de texto, o peor, enfocar -por ejemplo- un edificio famoso, y ver como aparecen de inmediato datos relacionados con la obra en cuestión, o si apuntamos a un texto en un idioma desconocido, recibir de inmediato una traducción aproximada.

Pero este no ha sido sino un nuevo nivel del desarrollo, que ha sido precedido por un nuevo tirón, que nos habla de la conexión entre dispositivos que llevamos con nosotros (ahora hasta debajo de la piel) y… paredes, techos, luces, pantallas y muebles a nuestro alrededor.

Cuando oímos decir que en los predios de la domótica (que es la aplicación de los avances informáticos a la arquitectura de los espacios que vivimos) los nuevos componentes del espacio que habitamos se adecuan a los gustos e intereses de las personas que los usan, cambiando de color, variando la temperatura o el nivel de iluminación, además de las imágenes que muestran los cuadros colgados de estas nuevas paredes…todo esto suena a pura ciencia ficción, pero ya no lo es tanto: desde hace unos buenos 10 años aparecen, a saltos, anuncios de nuevas aplicaciones que tienden a elevar los niveles de confort, y -de alguna forma- todos nos regocijamos.

Conceptos como sustituir las paredes por grandes pantallas, o colocar convenientemente micrófonos que -conectados a dispositivos informáticos- oigan y entiendan nuestras órdenes del tipo “baja la candela”, “apaga la luz del portal”, “cierra puertas y ventanas” o “avísame cuando termine la lavadora” están mucho más cercanos de lo que pensamos, aunque más de uno este -ahora mismo- sonriendo sarcástico, y pensando ¡esto es pura ficción!. 

¿Se imagina que cómodo sería -por ejemplo- que frente a las hornillas de la cocina que todos usamos a diario, hubiera una pantalla incluida en la pared, donde estudiar recetas, o simplemente consultar el correo mientras esperamos que esté lista la comida? 

Ya veremos…

No hay comentarios:

Publicar un comentario