martes, 16 de octubre de 2012

Digeratos y urbanismo tecnológico.



Desde siempre se debate sobre la recíproca influencia de las personas sobre la arquitectura…y de la arquitectura sobre las personas, aunque esta última versión pueda producir cierta inquietud. Un hecho es real: hay espacios arquitectónicos que imponen su “personalidad” por llamarlo de alguna forma. 

Cuando arribamos -por ejemplo- a una discoteca, con sus luces, su atmósfera sonora, su bajo nivel de iluminación, su disposición de mobiliario, muy probablemente nos predispongamos en positivo a la participación en el accionar que allí se desarrolla. Igual cuando penetramos en determinadas iglesias, con sus puertas de pequeño formato a las que siguen espacios de enorme puntal y grandes ventanales iluminados, es frecuente ver que todos bajamos la voz y nos movemos por los pasillos laterales, tal vez “aplastados” por tamañas dimensiones.

Pero…este asunto se ha complicado: es que ahora también nos movemos por otros ambientes. No solo paseamos por parques y plazas, no solo encontramos  a nuestros amigos y conocidos en el marco tradicional de edificios y vía pública, no solo usamos hitos urbanos para citarnos. Resulta que ahora somos un nuevo tipo de individuos, que utiliza todas las herramientas a su disposición para mantener esa actividad que -hasta el momento- ha caracterizado nuestro quehacer como especie: la socialización.

Cada vez más dependemos del grupo, del equipo para sobrevivir, mejorar y desarrollar nuestras potencialidades.

viernes, 12 de octubre de 2012

La internet de la cosas...o el urbanismo tecnológico.



La ciudad (desde siempre) resultó una madeja de conexiones tecnológicas: viales, redes telefónicas, acueducto y alcantarillado, red semafórica, dispositivos de observación meteorológica, los que funcionando como sistema permitieron al hombre elevar la tan llevada y traída “calidad de vida”.
Obviamente, la dialéctica caracteriza a este sistema de sistemas al que llamamos ciudad: el desarrollo alcanzado en un instante, justo en el momento de lograrse, ya es obsoleto, se exige más, se necesita mucho más. Sus habitantes nos acostumbramos instantáneamente a lo conseguido, y ponemos la vista más allá…y por eso, la incorporación de los avances de las tecnologías informáticas y de telecomunicaciones son -más bien están siendo- solo el último peldaño alcanzando, a la espera de ser superado.

¿Cuál es la concepción actual de un entorno de vida -llámese ciudad, edificio, espacio urbano o como se desee- acorde a los niveles de desarrollo devenidos de esta nueva incorporación? Habría que acudir a lo que se puede considerar el nuevo estado de la materia: on line, conectado, vinculados en tiempo real a redes que cubren viviendas, edificios, barrios, ciudades, provincias, países, el planeta completo.  

Entornos "inteligentes".


La posibilidad de proyectar un edificio “inteligente” ronda sistemáticamente a las generaciones de creadores que, en un momento determinado, se enfrentan con la tarea de dar forma a los recursos disponibles y -en un tiempo concreto- satisfacer necesidades específicas que le son planteadas a cada paso. Obviamente, el concepto de inteligencia ha ido mutando, desarrollándose, y -tal vez- por aquí debíamos comenzar: ¿a qué vamos a llamar un edificio inteligente?

Este no es un asunto propio de arquitectos, urbanistas o ingenieros: el concepto de inteligencia es llevado y traído por especialidades como la sicología, la psiquiatría, la sociología y otras tantas que se ocupan de esa capacidad para entender, comprender, resolver problemas. La inteligencia -nos dicen- parece estar ligada a funciones mentales como la percepción, la capacidad de recibir información, y  de almacenarla. Por tanto, desde este particular punto de vista, llamar “inteligente” a un edificio puede resultar…al menos contradictorio, un poco desconcertante.

Por tanto, ajustando el concepto a posibilidades concretas, apareció el término DOMÓTICA (se citan varios momentos y autores distintos), donde se engloban todos los sistemas capaces de automatizar una vivienda, relacionados con la  gestión energética, seguridad, bienestar y comunicación.

¿Por qué el auge actual de la domótica?¿Por qué, incluso, este influjo tecnológico se extiende a otros campos como la inmótica (entendida como la incorporación a oficinas, edificios corporativos, hoteleros, empresariales y similares  de sistemas de gestión técnica automatizada) o la urbótica (definida como la integración de la tecnología en el diseño de una ciudad).

Privacidad VS Conexión





Cuándo leemos en un documento como las Ordenanzas Urbanas heredadas de los españoles, escritas en la primera mitad el siglo 19, donde nos dicen que no podrán construirse ventanas con vista al predio del colindante, algo que -traducido al español estándar puede significar que nada de lo hecho por alguien puede violentar la privacidad del vecino- estamos asistiendo a la concreción de una preocupación bien concreta, resumida magistralmente por Benito Juárez, cuando dijo: ¡El respeto al derecho ajeno es la paz!
 
Obras de orfebrería como los pintorescos guardavecinos que aparecen en muchos balcones de ciudades tradicionales son, en la práctica, una barrera “dura”, un límite al accionar ajeno que pueda lacerar nuestra ansiada privacidad, algo que identifica a lo que llamamos hogar, la casa. Y este asunto, obviamente, ha sufrido una metamorfosis con la aparición de tanto divino invento que, por un lado puede resultarnos convenientes, ayudándonos en el cotidiano quehacer, pero , por otro…pueden exponer matices de nuestra vida que -tal vez- no estábamos listos para publicar. Así de fácil…! 

Tal vez por eso, allá por 2009, el entonces gerente principal de Google (la empresa autora de un famoso programa para hacer búsquedas de información en internet),  el norteamericano Eric Schmidt , declaraba: "Si no quieres que se sepa algo, no lo hagas". Antes de continuar, hay que hacer una aclaración: esta frase puede no ser de la autoría del hombre Google, aparece también referenciada como un proverbio chino pero bien, a lo que vamos…. 

jueves, 11 de octubre de 2012

Informática envolvente...o la ciudad digital.



Cuando en septiembre de 2012 aparecía en el mundo de las tecnologías el término informática envolvente, la propia redacción de esta idea parecía excesiva: considerar que las prestaciones devenidas de la unión entre informática y comunicaciones nos envuelve…bueno, podría resultar excesivo. Al final, sigo llevando los dispositivos en la mano (o en el bolsillo, sean teléfonos o computadoras), y acudo a ellos cuando los necesito. Y, tal vez por este asunto del acceso a sus servicios es que viene la tal informática envolvente.

El hombre, en su desarrollo como especie, ha tratado de protegerse de algunos componentes del entorno en que vive, y lo que hoy llamamos arquitectura, surgió como pura apropiación de lo que íbamos encontrando sobre la marcha, ya fueran cuevas, follaje de árboles o cuanto recurso apareciera y nos permitiera elevar nuestra -frecuentemente precaria- calidad de vida. Un paso más adelante, intentamos modificar lo que el azar nos había puesto en el camino, y entonces…con cuanta herramienta habíamos sido capaces de crear ¡retocamos la cueva!, haciéndola más cercana a nuestros gustos o necesidades, y esta historia no ha cambiado mucho que digamos hasta el día de hoy.

Es que el objetivo sigue siendo el mismo: elevar la calidad de vida, aunque esta intención ha venido involucrando a protagonistas que -al menos en un inicio temprano- no resultaban muy cercanos que digamos. Este es el caso particular de las tecnologías informáticas: surgidas a finales del siglo pasado, poco habían tenido que ver con esta finalidad de guarecernos, pero…algo -que se venía fraguando desde los 80- sucedió a finales del siglo XX. ¿Cómo darnos cuenta?