viernes, 12 de octubre de 2012

Privacidad VS Conexión





Cuándo leemos en un documento como las Ordenanzas Urbanas heredadas de los españoles, escritas en la primera mitad el siglo 19, donde nos dicen que no podrán construirse ventanas con vista al predio del colindante, algo que -traducido al español estándar puede significar que nada de lo hecho por alguien puede violentar la privacidad del vecino- estamos asistiendo a la concreción de una preocupación bien concreta, resumida magistralmente por Benito Juárez, cuando dijo: ¡El respeto al derecho ajeno es la paz!
 
Obras de orfebrería como los pintorescos guardavecinos que aparecen en muchos balcones de ciudades tradicionales son, en la práctica, una barrera “dura”, un límite al accionar ajeno que pueda lacerar nuestra ansiada privacidad, algo que identifica a lo que llamamos hogar, la casa. Y este asunto, obviamente, ha sufrido una metamorfosis con la aparición de tanto divino invento que, por un lado puede resultarnos convenientes, ayudándonos en el cotidiano quehacer, pero , por otro…pueden exponer matices de nuestra vida que -tal vez- no estábamos listos para publicar. Así de fácil…! 

Tal vez por eso, allá por 2009, el entonces gerente principal de Google (la empresa autora de un famoso programa para hacer búsquedas de información en internet),  el norteamericano Eric Schmidt , declaraba: "Si no quieres que se sepa algo, no lo hagas". Antes de continuar, hay que hacer una aclaración: esta frase puede no ser de la autoría del hombre Google, aparece también referenciada como un proverbio chino pero bien, a lo que vamos…. 


Nuestras prácticas sociales han estado en alguna medida controladas desde el ángulo de cuán expuestos deseamos quedar ante un grupo determinado de semejantes: cuando decidimos -por ejemplo- pasear por una plaza, o caminar por otro lugar, de hecho estamos tomando en cuenta nuestros personales intereses y la necesidad que tenemos de establecer contacto con otras personas.

Y es cierto que, un concepto como el de la privacidad, está sufriendo bruscas alteraciones; también la efectividad de adjetivos como secreto y su uso a nivel de ciertas profesiones y países, supuestamente por el uso de ciertas tecnologías. 

Pero…es que las “filtraciones”, la ruptura de la privacidad, no proviene de herramientas tecnológicas que actúan independientes del humano ¡nada de eso!; ni depende de la cantidad de cámaras, micrófonos o sitios pirateados que encontremos a nuestro alrededor: el origen de estas informaciones parece estar más en el accionar de PERSONAS, que, intencionadamente, operan con mensajes, archivos, datos destinados originalmente a ser mantenidos en “secreto”, aun cuando muchos se están cuestionando ¿por qué tanta privacidad? 

Se habla de una “necesaria nueva cultura de la discreción”. No de unas relaciones más respetuosas del derecho ajeno; no de un accionar inteligente, colectivo, que involucre y tome en cuenta los intereses de; no de eliminar las agresiones al más débil; no de lograr una mejor comprensión... no, nada de eso hace falta: el problema es poder seguir haciendo lo que queramos, a expensas del que sea, pero ¡eso sí: que nadie se entere! 

No obstante estas invocaciones a mantener la supuestamente ansiada privacidad, las redes sociales como Facebook (esas nuevas plazas y parques de los espacios digitales en que también habitamos), con más de 1000 millones de usuarios registrados (¿se imaginan?) están generando cada vez más “ruido”. Las acusaciones sobre su potencial para actuar como mecanismos de escrutinio, estudio y almacenamiento de nuestras costumbres son cotidianas: adiós a la privacidad, aunque ahora todo parece indicar que -como en tantas otras acciones humanas- pueden existir 2 caras: por un lado exigimos privacidad, y por el otro…se suben a Youtube 60 horas de video cada minuto, y se intercambian más de 600 mil archivos en Facebook cada 60 segundos, sean imágenes, textos, videos y archivos de sonido, que serán vistos por nuestros amigos, y por los amigos de nuestros amigos…y así, en un línea exponencial de socialización. 

Y es que, indudablemente, el existir en estos mundos mixtos, mitad convencionales mitad virtuales…pues como que ha dado más de un vuelco a costumbres ancestrales y criterios supuestamente establecidos, como el de la privacidad. 

Ahhh…la pregunta puede ser: ¿estamos listos para habitar estos nuevos lares? Ya veremos… 

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