viernes, 12 de octubre de 2012

La internet de la cosas...o el urbanismo tecnológico.



La ciudad (desde siempre) resultó una madeja de conexiones tecnológicas: viales, redes telefónicas, acueducto y alcantarillado, red semafórica, dispositivos de observación meteorológica, los que funcionando como sistema permitieron al hombre elevar la tan llevada y traída “calidad de vida”.
Obviamente, la dialéctica caracteriza a este sistema de sistemas al que llamamos ciudad: el desarrollo alcanzado en un instante, justo en el momento de lograrse, ya es obsoleto, se exige más, se necesita mucho más. Sus habitantes nos acostumbramos instantáneamente a lo conseguido, y ponemos la vista más allá…y por eso, la incorporación de los avances de las tecnologías informáticas y de telecomunicaciones son -más bien están siendo- solo el último peldaño alcanzando, a la espera de ser superado.

¿Cuál es la concepción actual de un entorno de vida -llámese ciudad, edificio, espacio urbano o como se desee- acorde a los niveles de desarrollo devenidos de esta nueva incorporación? Habría que acudir a lo que se puede considerar el nuevo estado de la materia: on line, conectado, vinculados en tiempo real a redes que cubren viviendas, edificios, barrios, ciudades, provincias, países, el planeta completo.  

Los objetivos son claros: tal vez el primero de ellos, obtener información (¡sin dilación, en el instante necesario!) y poder usarla durante la toma de decisiones. Esto podría repercutir en órbitas tan disímiles como la compra de un alimento, saber cómo anda nuestra salud, qué está pasando en el cuarto de los niños, cuánta agua queda almacenada en tanques y cisternas o quién acaba de entrar en mi casa, estando yo en la oficina.

Aunque, no todos están relacionados con procesos de control y toma de decisiones, nada de eso: también podría significar que las luces se apaguen o enciendan en dependencia de si llegamos o abandonamos un local, los acondicionadores de aire se ajusten a las necesidades de los asistentes a un recinto, la música de fondo que se escuche responda a las preferencias de los presentes y las imágenes que se muestren en los cuadros de nuevo tipo que cuelgan de las paredes muestren las imágenes que resulten de nuestro agrado.

También puede significar un cambio dramático en la forma de relacionarnos con dispositivos: podríamos hablarle al televisor, pidiéndole un determinado ajuste, o a la cocina, ordenándole disminuir o aumentar la temperatura de cocción de un determinado alimento. También podríamos recibir un mensaje de nuestra casa, indicándonos que recién nos acaban de entregar la factura del servicio eléctrico, o que la reserva de agua está en su nivel límite inferior. Podríamos también recibir un mensaje de nuestro auto, que nos sugiere cambiarle el aceite, o que tiene un neumático ponchado, o está falto de combustible.

Muy probablemente usted tendrá esbozada una sonrisa irónica, pensando que estos son asuntos de un futuro lejano. Pero… no lo son. La concepción de todo tipo de dispositivos y sistemas tecnológicos a partir de su conexión a redes de datos es algo que viene del siglo pasado, incluso de antes, cuando se comenzó a llamar a las redes telegráficas el “sistema nervioso” del mundo.

Ya en fechas tan alejadas como 2007 se reconocía que aunque internet había nacido para conectar personas a través de máquinas, más del 12% del tráfico de datos era generado por … máquinas que intercambiaban datos con otras máquinas. Por tanto, lo que se ha dado en llamar el Internet de las Cosas será -tal vez- la estructura más compleja que la humanidad haya pretendido crear, incluyendo edificios, ciudades, redes tecnológicas, zonas agrícolas, la atmósfera, los ríos, los mares, en fin cubrir cada porción del mundo con  sensores que se conviertan en la extensión de nuestros sentidos, y proceder a operar con los datos obtenidos en función de resolver las necesidades generadas por el desarrollo. 

Aunque no todo es color de rosa en este proyecto: por ejemplo, ¿a dónde iría a para la privacidad? Ya veremos…

No hay comentarios:

Publicar un comentario